¿Cuáles son las diferencias entre el desarrollo típico y el desarrollo de un niño con Síndrome de Down?

¿Qué es el Síndrome de Down? (según Medlineplus)

“El síndrome de Down ocurre cuando hay una copia extra del cromosoma 21, por lo que se denomina trisomía 21. El cromosoma extra causa problemas con la forma como se desarrolla el cuerpo y el cerebro.”

El neonato

Tomaremos el comienzo del desarrollo del niño en el momento de su nacimiento, a pesar de que la bibliografía científica demuestra que el desarrollo del mismo comienza en el momento de su concepción.

En el momento del nacimiento un bebé habitual puntúa de 7 a 10 en el test de APGAR, mientras que un niño con Síndrome de Down suele tener resultados menores (5-7), lo cual no significa que no pueda tener puntuaciones altas.

Hoy en día, conocemos que en el Síndrome de Down hay características del cuerpo y rostro que son identificativas desde el nacimiento: cabeza redonda con área plana detrás, ojos oblicuos, manchas blancas en la parte coloreada del ojo (manchas de Brushfield), orejas pequeñas y ligeramente dobladas en la parte superior, boca pequeña haciendo que la lengua parezca grande, nariz pequeña y hundida, cuello corto, manos pequeñas y dedos cortos.

Al compararlo con un niño normal, al nacer un bebé con Síndrome de Down tiene menor tono muscular, exceso de piel en la nuca y las suturas del cráneo están más separadas de lo habitual.

A todas estas características hay que sumar los problemas asociados que puede presentar un bebé con Síndrome de Down:
– Anomalías congénitas que comprometen el corazón, como la comunicación interauricular o la comunicación interventricular.
– Problemas en los ojos (posteriormente observándose cataratas).
– Vómito temprano y profuso, que puede ser un signo de bloqueo gastrointestinal, como atresia esofágica y atresia duodenal.
– Problemas auditivos.
– Problemas de la cadera y riesgo de dislocación.
– Problemas prolongados (crónicos) de estreñimiento.
– Apnea del sueño (debido a que la boca, la garganta y las vías respiratorias son estrechas en los niños con síndrome de Down).
– Tiroides hipoactiva (hipotiroidismo).

Un recién nacido normal presentará una serie de reflejos que colaboran con su supervivencia y desarrollo posterior, uno de ellos es el reflejo de Moro, que no está presente o es muy débil en los niños con Síndrome de Down retrasando el desarrollo postural.

Desarrollo motor

El desarrollo motor es más lento en los niños con Síndrome de Down en comparación con los que no padecen esta trisomía. Esto puede atribuirse a la hipotonía e hiperlaxitud de las articulaciones, así como también a la alteración de los reflejos primarios que provocan un retraso en el desarrollo motor. En cuanto a la anatomía, no suelen alcanzar su estatura adulta promedio.

Ambos niños siguen las leyes céfalo-caudal y próximo-distal de desarrollo, apareciendo primero el control voluntario de los movimiento, el control de cuello y cabeza, la habilidad para rodar, el control de las manos para agarrar objetos y utilización de la pinza, sentarse, gatear, estar en pie y caminar.

Se detallan los siguientes hitos del desarrollo motriz grueso en el niño típico en las siguientes tablas:

tabla1

tabla2

tabl3

En cuanto al desarrollo motriz fino, el niño típico seguirá los siguientes pasos en las edades indicadas:

fino4

fino5

Las diferencias están en los momentos de adquisición de los procesos anteriores, indicándose los meses aproximados en la siguiente tabla:

Desarrollo típico Síndrome de Down
Control voluntario de movimientos 0-2 meses
Control de cuello y cabeza 2-4 meses 4 meses
Rodar 4 meses 6-8 meses
Uso voluntario de las manos 4-6 meses
Pinza 9-12 meses 15-20 meses
Sentarse 6-8 meses 10-12 meses
Gatear 7-10 meses 13-17 meses
Estar de pie 9-12 meses 18-22 meses
Caminar 12-18 meses 24-28 meses
Correr, saltar, escaleras 24 meses

Un niño con Síndrome de Down verá sus habilidades motrices deficitarias debido también a sus habilidades perceptivas, dando lugar a:
– Tono muscular y control postural inadecuado.
– Motricidad fina alterada y dificultosa.
– Equilibrio poco desarrollado.
– Tiempos de reacción más largos.
– Incoordinación.

Desarrollo cognitivo

Tomando las fases del desarrollo según Piaget, dividiremos el desarrollo cognitivo típico en las siguientes etapas:

  1. Sensoriomotor (0-2 años):
    La inteligencia es práctica y se centra en sí mismo, relacionándose con el entorno a través de los sentidos y de la acción.
    La evolución va desde los reflejos innatos que pasan a convertirse en movimientos voluntarios. Posterior a esto, aparecen las reacciones circulares encaminadas a mantener un resultado y a partir de ellas los esquemas mentales.
    Más adelante se interesa por el mundo exterior y descubre las acciones intencionadas (9-10 meses). Por último, adquiere la capacidad de representación, la constancia del objeto.
  2. Pensamiento preoperacional (2-7 años):
    Aparece la actividad representacional y la función simbólica. En esta etapa se consolida el lenguaje. Piaget pone como características a los niños de esta etapa el egocentrismo (conocen el entorno a partir de ellos y no son conscientes de las perspectivas de otros), incapacidad para conservar (no comprenden que existen características invariables de los objetos), razonamiento transductor (razonamiento de particular a particular, no hay generalización ni relaciones), y ausencia de clasificación jerárquica (no organizan los objetos por similitudes y diferencias).
  3. Pensamiento de operaciones concretas (6-12 años):
    Aparece el pensamiento lógico (solo en cosas concretas reales). Comienza el razonamiento dejando a un lado la intuición. Se aplica lógica y pensamiento reversible (son capaces de retroceder y relacionar hechos) y flexible. Aparece la conservación de ciertas características de los objetos. Se produce la descentración y la capacidad de empatía. Capacidad de seriación (seguir un orden para organizar objetos).
  4. Pensamiento formal abstracto (12 años en adelante):
    Se logra la abstracción sobre conocimientos concretos observados permitiendo emplear el razonamiento lógico inductivo y deductivo; hay un carácter proposicional que permite pensar en representaciones, no solo cosas reales. Capacidad de formular hipótesis. Anticipación y razonamiento ante diferentes posibilidades (pensamiento abstracto).

En cuanto a la trisomía 21 lleva consigo una discapacidad intelectual que puede ser leve, moderada o grave. Con esto, se concluye que el desarrollo cognitivo del niño con Síndrome de Down se verá interferido por el déficit cognitivo que posee, dando lugar a un desarrollo atípico y desviado. Los sistemas cognitivos de la persona con Síndrome de Down funcionan de manera diferente a la de una persona sin esta condición. Es interesante también mencionar que los patrones cognitivos de estas personas van cambiando a lo largo de la vida.

Si comparamos con el desarrollo típico basándonos en las etapas descritas por Piaget, un niño con Síndrome de Down presentará las siguientes necesidades:

  1. Sensoriomotor:
    Explorará de la misma manera el entorno, sin embargo la capacidad de discriminación en ellos es mucho menor, por esto se demoran un mayor tiempo en procesar la información que es enviada desde sus sentidos al cerebro. La permanencia del objeto se ve afectada debido a la menor capacidad de codificación, almacenamiento y procesamientos que tienen. Los problemas en la memoria a corto plazo provocaran un déficit en el aprendizaje desde esta primera etapa.
  2. Pensamiento preoperacional:
    Presentan dificultad para la representación por lo que no es capaz de manejar el entorno de manera simbólica. Permanece en la exploración al no poder usar el simbolismo en juego ni en sus conocimientos. No hay consolidación del lenguaje ya que en estos niños hay un retraso del mismo.
  3. Pensamiento de operaciones concretas:
    Esta etapa se desarrolla durante la adolescencia de la persona con Síndrome de Down. Es en ella donde la mayoría de personas con esta trisomía se mantienen debido a la discapacidad intelectual, es por eso que los aprendizajes con estas personas siempre se ven beneficiados por el uso de material visual, manipulativo…
  4. Pensamiento formal abstracto:
    Lo desarrollan con la experiencia cotidiana, permitiéndoles adaptarse a nuevas situaciones.

En el desarrollo cognitivo de los niños con Síndrome de Down conocemos que existen unas bases biológicas que provocan impedimentos a nivel neurológico, esto hace que en el niño la atención se vea afectada, el procesamiento de la información sea más lento y exista un retraso en el desarrollo de las representaciones mentales. Todo lo anterior mencionado afectará al niño durante toda su vida, sin embargo, la afección comienza a impedir el desarrollo cognitivo típico desde el nacimiento hasta los 6 u 8 meses. Las secuelas también serán visibles también a partir de los 14-18 meses cuando todo esto hace impacto con el desarrollo social que desemboca también en problemas del lenguaje receptivo y las capacidades de flexibilidad en el pensamiento.

Si nos atenemos a la anatomía del sistema neurológico, los niños con Síndrome de Down muestran una reducción del 20-50% del número de neuronas desde el nacimiento hasta los 60 meses de edad (Schmidt-Sidor et al., 1990) y la diferenciación neuronal también está alterada (Contestabile et al., 2007). Las consecuencias de estos dos factores, entre otros, provocan conectividad neuronal anormal y limitaciones en el procesamiento de la información. Las neuronas son más pequeñas con dendritas más cortas resultando a conexiones más locales en vez de interhemisféricas. También puede estar implicado el cerebelo que es más pequeño (Lott and Dierssen, 2010). Por tanto, podríamos decir que las alteraciones reflejadas en el circuito cerebelar-cortico-límbico son las que provocan las alteraciones en: atención, funciones ejecutivas, aprendizaje del lenguaje, memoria de trabajo y respuestas emocionales (Strick et al., 2009).

Desarrollo socioemocional

El desarrollo socioemocional depende de la interacción social del bebé, y por ello no solo se toma como punto de partida el nacimiento del mismo sino que la bibliografía demuestra que muchos aspectos emocionales durante el embarazo tienen implicaciones a posteriori en el niño. Otro factor importante influyente en esta área de desarrollo es la sociedad y cultura donde el niño se desarrolle, provocando diferencias a nivel de los sentimientos y la manera de expresarlos.

Para que el desarrollo socioemocional sea positivo no solo depende de que el bebé nazca sin ningún tipo de discapacidad o necesidad a nivel cognitivo, sino que influye de manera directa la habilidad del entorno para guiarlo. Todo comienza con el llanto del bebé y la capacidad de los cuidadores para identificar lo que sucede y responder de manera adecuada, otorgando intenciones comunicativas que poco a poco, gracias a las rutinas, el niño irá integrando y con ello aprendiendo a expresarse de maneras distintas y a autorregularse.

Durante los primeros tres meses de vida, se produce la diferenciación de las emociones básicas siendo cada vez más funcionales. En el noveno o décimo mes de vida el lóbulo frontal empieza a interactuar con el sistema límbico y el hipotálamo, procesando información sensorial y facilitando la relación entre cognición y emoción. Posteriormente, pasan de transmitir emociones centrales propias a la autoconcienciación entre los 15 y 24 meses, desarrollándose la empatía, la envidia, los celos… emociones que implican sumar a otras personas que influyen en ellos. Estos momentos indican la capacidad de cognición social, comprendiendo que otras personas tienen estados mentales también. Por último, hacia los tres años, aparecen las emociones autovalorativas, dando lugar por ejemplo a la vergüenza.

De una manera resumida, podemos destacar algunas características descritas por Eric Erikson, quien determina como lo más importante el vínculo afectivo denominado “apego”.

  • 0-3 meses: se queda observando las caras, se calma en brazos de su madre, protesta cuando está solo, preferencia indiferenciada por las personas, responde positivamente al contacto. Al final de la etapa sonríe, gorjea y arrulla.
  • 4-6 meses: preferencia por conocidos sin rechazo a extraños, reconoce estados de ánimo de la madre, vocaliza iniciando interacciones. Al final de la etapa, se voltean al oír su nombre y se emocionan o enfadan fácilmente.
  • 7-9 meses: preferencia por conocidos con rechazo a extraños, comienza a demostrar sus intereses y gustos, grita llamando la atención y le gusta estar incluido en las interacciones, aprende el significado de “no” por tono de voz. Inicia el juego. Imita sonidos de la lengua.
  • 10-12 meses: interacciona con una o varias personas buscando proximidad, busca recibir atención, aumenta la conciencia de sí mismo, imita gestos y expresiones sociales, manifiesta gusto hacia personas u objetos, se interesa por lo que hacen los adultos.
  • 1-2 años: creen ser el centro, juegan solos y tienen dificultad para compartir, buscan influir en el comportamiento de los demás, muestran afecto por las personas cercanas, se reconocen en fotos o espejos, empiezan a colaborar. Al final de esta etapa comienzan a distanciarse de los padres para explorar el entorno.
  • 2-3 años: son capaces de autoevaluarse, buscan la independencia, son firmes ante sus preferencias, defensa de sus pertenencias, realizan juego paralelo (solos pero cerca de otros niños), participan en actividades grupales simples (cantar, aplaudir, bailar).
  • 3-4 años: conciencia de la realidad exterior independiente a él, mantiene la defensa por sus pertenencias y el juego solo. Es sensible frente a los reproches de los padres y comienza a negociar para conseguir lo que desea. Aumenta la independencia.
  • 4-5 años: juego por turnos, competencia más objetiva, contacto social con sus iguales, críticas, imitación de actividades adultas, prueba los límites con sus padres, se muestra protector ante un niño pequeño.
  • 5-6 años: busca ser reconocido más allá del núcleo familiar, independiente, sociable, hace muchas preguntas, se posiciona en un perfil dentro de un grupo entre iguales, se da cuenta de las trampas, juegos reglados.
  • 6-7 años: juegos grupales disfrutando también de los solitarios, reconocen amigos y enemigos, no les gusta perder, aparecen las culpas, colaboran con tareas sencillas, lo bueno y malo se conceptualiza según el pensamiento de sus padres o profesores, aparecen los valores éticos, comienza la empatía, desarrollo del sentido del humor.

Es un hecho interesante en la biografía de Erik Erikson que tuvo 4 hijos, siendo el último de ellos, nacido en 1944, un niño con Síndrome de Down. A pesar de que desarrolló su teoría observando el desarrollo típico de los niños, no se interesó por las posibles observaciones diferenciales que podía detallar teniendo en cuenta su último hijo Neil ya que fue institucionalizado desde que nació.

En la siguiente tabla se muestran algunos hitos del desarrollo socioemocional comparando el desarrollo típico del desarrollo de los niños con síndrome de Down.

TÍPICO SD
Sonrisa social 2-3 meses 2-4 meses
Atención visual compartida 6-7 meses 8-10 meses
Juegos interactivos (cucú-tras) 8 meses 11 meses
Pointing (protodeclarativo, protoimperativo) 9-12 meses 12-16 meses
Referencia social 22-26 meses 22-26 meses
Juego simbólico 18-24 meses 23 meses

El desarrollo socioemocional de los niños con Síndrome de Down se ve retrasado mínimamente (lo habitual es que solo haya un mes o dos de retraso), siendo esta parte del desarrollo una de las capacidades más fuertes que poseen. Sus habilidades sociales son altas, mostrando quizás más déficit en el área emocional personal.

Numerosa bibliografía muestra que los déficits en esta área no se deben a una alteración o retraso en el desarrollo de la misma, sino a que las oportunidades y “práctica” de las habilidades que poseen son menores. Además, no debemos olvidar el impacto que puede ocasionar a nivel familiar recibir un niño con un síndrome, siendo las primeras etapas de desarrollo del bebé muy dependientes de las relaciones y estimulación de las personas más cercanas del niño, siendo en su mayoría siempre la familia.

Se observa que en estos niños los juegos son menos variados, hay menor uso descontextualizado de objetos en el juego, menos turnos de intervención, menor cantidad de miradas referenciales y de menor tiempo, y dificultad de reconocimiento de las emociones y de regularización de las mismas por parte de los padres que desemboca en déficit de lo mencionado a nivel personal.

En la persona con Síndrome de Down en fase de adolescencia y adultez se pueden observar comportamientos impulsivos. Además, a medida que el niño se va haciendo consciente de sus limitaciones pueden aparecer alteraciones socioemocionales como la depresión, frustración e ira.

Un punto fuerte en estos niños en cuanto a las habilidades sociales es la gran capacidad de captar las emociones de las otras personas, mostrando gran interés y empatía por el otro.

Desarrollo del lenguaje

El desarrollo del lenguaje es un proceso a partir del cual las personas adquirimos la capacidad de comunicarnos verbalmente y a través de una lengua propia. En este proceso influyen características intrínsecas (físicas del niño, desarrollo cognitivo, atributos genéticos, desarrollo motor…) y características extrínsecas (cultura, personalidad y estilo de cuidado de los padres, estatus socioeconómico…).

Al igual que en el desarrollo socioemocional, el desarrollo del lenguaje es dependiente de las interacciones con el adulto y de la intencionalidad comunicativa que él otorgue a las expresiones del bebé.

Existe además una gran influencia de los componentes neurofisiológicos del niño, siendo aquí quizás donde un niño con déficits cognitivos, entre otros, como es el niño con Síndrome de Down encuentre las barreras para el desarrollo típico de cualquier otro niño. Entre estos componentes encontramos los mecanismos cerebrales (no colabora la discapacidad intelectual) y el medio externo, en el cuál están la percepción verbal (no colabora las posibles alteraciones auditivas) y la elaboración del lenguaje (no colabora la dificultad de articulación de los órganos del habla).

En el desarrollo típico se diferencian dos etapas claras:

  • Etapa prelingüística: desde el nacimiento hasta los 18-24 meses.
    Las interacciones del bebé con la madre desarrollan el lenguaje.
  • Etapa lingüística: desde los 2 años hasta los 5-7 años.

    Durante esta etapa lingüística el niño va aprendiendo el lenguaje hasta que a los 7 años el resultado es un lenguaje adulto en cuanto a habla, siendo durante toda la vida el aprendizaje del lenguaje sobre todo en cuanto a léxico y pragmática.

    Es habitual que en esta etapa aparezcan numerosos procesos fonológicos de simplificación, que se pueden clasificar de la siguiente manera:
    – Sustituciones: reemplaza un fonema por otro. Puede ser oclusivización (fricativos por oclusivos), anteriorización (palatales y velares por alveolares o bilabiales), nasalización (orales por nasales) y posteriorización (alveolares por velares o palatales).
    – Asimilaciones: asimila un segmento de la palabra a otro, asemejando fonemas. Puede ser sonorización (repetir la oclusiva), asimilación vocálica (vocal no acentuada por vocal acentuada) y asimilación velar (repetir fonema velar).
    – Estructura silábica: reducción de la sílaba al esquema CV. Puede ser reducción del grupo consonántico (omisión de un fonema en un dífono), supresión de la consonante final (omisión del último fonema de la sílaba), supresión de la consonante inicial (omisión del primer fonema de la sílaba), supresión de la sílaba no acentuada (omisión de sílaba no acentuada al preceder una acentuada), reduplicación (repetición de una sílaba), metátesis (inversión de fonemas dentro de la palabra).

Los niños con Síndrome de Down van más lentos que los demás en el aprendizaje del lenguaje. Durante los primeros meses de vida, se ha demostrado que la cantidad de vocalizaciones de los bebés con Síndrome de Down son menores, incrementando las emisiones a partir de los 4 o 6 meses.

Mientras que lo normal es que se digan las primeras palabras entre los 10 y 18 meses, y junten dos o tres hacia los 24 meses, los niños con Síndrome de Down normalmente empiezan a hablar entre los 24 y 36 meses. Pero entienden más de lo que pueden hablar a causa de sus dificultades motoras para el habla (que se exponen más adelante), y van aprendiendo vocabulario de forma constante, de modo que a menudo se considera que uno de sus puntos fuertes en la adolescencia es el vocabulario.

En cuanto a los procesos de simplificación fonológica, está recogido en la bibliografía que lo más frecuente es la supresión de la consonante final, manteniéndose en edades adultas. También es frecuente la reducción del grupo consonántico en todas las edades.
Si nos atenemos solo a edades infantiles con el posterior aprendizaje fonológico correcto, destacan hasta los 5 años la oclusivización de los fonemas.

Una vez que ya han adquirido el lenguaje, sus principales déficits los encontramos a nivel de morfología y sintaxis, dando lugar a errores gramaticales y generalmente a un habla telegráfica. A pesar de ello, son personas comunicativas e interesadas en interaccionar por lo que se hacen entender aunque no dominen fácilmente las frases completas, probablemente por una serie de razones que incluyen su limitada habilidad en la memoria verbal y las dificultades motoras en el lenguaje.

El habla no es totalmente inteligible debido a las dificultades a nivel articular de la zona orofacial (al tener boca pequeña que hace suponer una lengua grande). La hipotonía generalizada también se puede observar en la musculatura propia del habla provocando puntos de articulación más débiles. La movilidad de los órganos puede verse afectada por laxitud en los ligamentos de la articulación témporo-mandibular, un pobre desarrollo de los huesos de la parte medial de la cara (perfil facial chato, puente nasal plano), reducción de la altura palatina, mordida abierta y maloclusión Clase III de Angle con prognatismo.

Estas dificultades articulatorias unidas a las propias del lenguaje, provocan barreras en la comunicación sobre todo a nivel conversacional. Derivado de la discapacidad intelectual su conversación es lenta y tardan unos segundos en comprender y ser capaces de responder a preguntas.

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